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FanFic 28 – Te amo en plural.

Por: YISUSCRAIST OF YAOI.

Contuvo el aire por un segundo y al siguiente exhaló mientras se aferraba a las cobijas. Una mano le había sostenido, unos besos húmedos en su hombro le incitaban aún más mientras que ese movimiento pélvico le estaba destrozando la razón. Por encima de él podía ver sus cabellos castaños cayendo y sus inseparables lentes que le disimulaban la perfección de su mirar, a un costado estaba el moreno quien le besaba el cuello, mordía de su oreja y suspiraba su nombre cuan melodía erótica. Al final Kat solo pudo arquear la espalda, abrir los labios y desvergonzado lanzar un gemido resonante en la pieza. Su respiración errática, sus orbes entrecerrados y la mirada de ambos chicos sobre él triunfadora, dominante. Al final solo sintió el vacío de su cavidad y los brazos llenos por dos hombres que le cuidaban y querían.

Cuando Kian y Micca dormían como un par de dulces y atractivos ángeles Kat se levantó de aquella cama matrimonial que pertenecía al moreno. Esa noche las cosas se habían puesto locas como en otras noches y había sido víctima de la atención de esos hombres de los cuales, obviamente, no renegaba. Sin embargo la sensación de tensión en el cuerpo le hizo caminar por el pasillo de ese apartamento estirando los brazos al aire y revisando el móvil con pereza. Pasos antes del balcón su andar se detuvo, disminuyó y finalmente un suspiro triste salió de sus labios entreabiertos. Siempre, fuese a donde fuese, habrían personas que verían su concepto del amor como turbio y falso. Como salido de aquellos fandoms crueles y tóxicos no podía faltar comentarios lacerantes en contra de lo que ellos eran, desde hacía tiempo sabía que las cosas serían así.

Sin embargo, muy por encima de toda la tormenta, había gente que les apoyaba y motivaba. Esas personas les arrancaban sonrisas y les ayudaban a salir adelante. Cuando los comentarios agresivos se volvían frecuentes Kat buscaba fuerza de la gente que los apoyaba, sonreía ampliamente y decía a Micca y Kian que todo estaría bien pero a veces no lo creía.

Mientras se recargaba en el barandal del balcón guardó su móvil haciendo tenue el fondo de pantalla donde los tres estaban juntos. Entonces en la soledad esa sonrisa que dedicaba a sus amores se difuminaba lentamente y pensaba cuanto tiempo podían durar de esa manera, si llegaría el día en que ellos encontrarían algo mejor, si la realidad les atestaría con golpe cruel y separaría sus caminos puesto que esa forma de amar “no era normal”. Sus ojos volvieron a entrecerrarse, a temblar al igual que sus labios y antes de hundirse en esas lagrimas una luz fuerte le hizo pausar toda pena. El eco ensordecedor de un cantico desesperado, la sensación nauseabunda y el jaloneo de su cuerpo le arribaron como el centellar de un meteorito emocional hasta que sin más abrió los ojos, miró a su alrededor y no estaba en aquel balcón oscuro ni bajo la estrellada noche donde hacía unos segundos solía estar.

La plaza que le rodeaba tenía un piso esplendido de piedra, los pilares decorados con banderines de símbolos curiosos y coloridos, gente yendo y viniendo, figuras que se tornaban borrosas y que poco a poco adquirían forma bajo ese azul claro lleno de nubes  y luz. Era como un cuento de hadas, un escenario fantasioso y un tanto medieval aunque los habitantes de aquel sitio tenían pintas un poco más comunes.

—Esto no puede ser…—susurró Kat mientras frente a él pasaba un chico de melena verde ondeante platicando de lo más animado a un pelinegro. Tuvo que tallarse los ojos un par de veces pero tan pronto lo hizo habían pasado de él a través de la plaza — Esto no…—intentó darle alcance al chico para asegurarse de que se trataba de su tan adorado Makishima pero apenas dio un paso al frente chocó con alguien que le hizo retroceder y caer. El joven se disculpó por la distracción, Kat se sobó las sentaderas quejándose y esa mano grande y varonil le ofreció ayuda para levantarse.

—Ve con cuidado…—dijo sonriendo ladino y tras dejarlo ahí boquiabierto el moreno recibió una palmada en el hombro de parte de otro.

—¡Oi! ¡Andando bro!—había dicho y así el moreno se despidió don desdén para seguir al de cabellos bicolor canturreando y riendo. Kat se había quedado con la mano estirada y tuvo que abofetearse una vez para asegurarse de que aquel no era un sueño, realmente acababa de ver a Makishima, Toudou, Kuroo y Bokuto. Ahora a donde giraba veía todas esas parejas y personajes de los cuales en su afamada tienda vendían mercancía ¿Era ese un sueño? ¿Acaso había muerto? No lo sabía pero esa bofeteada que le dejo la mejilla roja decía que el dolor y la emoción eran reales.

Caminó por las atestadas calles llenas de personas que solo veía estampados en el papel o en la pantalla de su computador. No podía creer que un lugar tan fantástico existiera; tras dar la vuelta por la glorieta y correr hacia el puente por el cual corría un rio solo miró con enorme sonrisa alrededor y giró llamando a Micca y Kian pero ellos no estaban. Había estado tan acostumbrado a hacerlo todo con ambos que de repente encontrarse en tan maravilloso lugar sin ellos le quitaba ese toque de genialidad. Intentó reanimarse, debía obtener algo de fanservice para sus chicos y buscar la forma de retornar a casa pero mientras buscaba acelerado su móvil un par de voces detrás de él le llamaron.

—¿Mmh?—giró sobre sus pies y un par de altos y fornidos guardias le miraban.

—Acompáñenos…—sin poderse defender el confundido Kat fue sujetado de cada brazo y arrastrado por el puente para segundos después forcejar e intentar librarse del agarre. En ese momento el pánico le había invadido.

—¡Suéltenme! ¡Par de gorilas! ¡Micca! ¡Kian! ¡Sálvenme! —gritoneaba más nadie hacia algo por ayudar a tan atareado muchacho mientras las enormes puertas de un palacio se abrían de par en par ante sus ojos. Pulidas en madera, con detalles exóticos, estas le dieron acceso a la hermosa entrada principal llena de esculturas sublimes y un tanto amatorias que le hicieron calmarse entre la curiosidad y el fisgoneo. Sin detenerse pasaron de la sala principal a un extenso pasillo donde múltiples pinturas que lucían como fanarts hermosos decoraban las paredes además de los candelabros elegantes que colgaban del techo y esa alfombra roja y pulcra. Se detuvieron frente a otra puerta, uno de los guardias tocó un par de veces, y la señal de abrir fue dada.

Accedieron a una habitación más amplia, sus ventanas hermosas y enormes la iluminaban a la perfección y un piso entre cuadros blancos y negros le daba un aspecto muy peculiar. Había pilares con detalles en oro, algunas otras esculturas que lucían como aquellas figuras costosas de coleccionistas pero bañadas en oro y una enorme pintura al fondo que le llamo la atención, le hizo perderse en ella pues lucía como si el mismo Kian la hubiese hecho.

—De modo que eres tú, Gerente de ventas…—dijo una voz más debajo de la pintura, sentado en una elegante silla un hombre de aspecto rudo, mirada matadora, sonrisa ladina y cabello de colores estrambóticos le observaba altivo. A su lado un hombre moreno, más apacible y con vestimentas militares aguardaba junto al hombre sentado que, indudablemente era la autoridad.

—So….—tartamudeó Kat alzando un dedo hacia el hombre — ¡So….Soberano!

—El mismo…—Kat cayó de rodillas al suelo totalmente impactado y sonrojado mientras los guardias se retiraban. Estaba frente al mismísimo soberano de la nación, el hombre que gobernaba esos territorios, solo no podía mantenerse quieto delante de tal figura emblemática de esa estirpe.

—Yo…yo…—hizo una reverencia ante el hombre quien solo río resonante poniéndose de pie y caminando por esos escalones con sutileza.

—Tranquilícese Gerente en ventas, no le traje aquí para recibir sus elogios o muestras afecto…aunque admito que me agradan bastante —guiñó un ojo, Karl detrás de él chistó ante la actitud del soberano —te traje aquí por que necesitas que alguien te recuerde un par de cosas y a mí me encanta recordar cosas.

—¿Recordó cambiar sus calcetines hoy?—espetó Karl detrás de él.

—¡Silencio!… Lo hice, gracias Karl —respondió volviendo su atención a Kat. Ahora el Soberano estaba delante de él, muy por encima, mirándole desde lo alto y finalmente relajó los hombros —Escucha, Gerente en ventas, te traje aquí por una razón importante… un asunto que debemos solucionar ahora mismo.

Repentinamente la atención de Kat fue totalmente del pelinegro quien parecía tener un punto por demás interesante. ¿Qué asunto tan importante podría tener una figura tan relevante como el Soberano? Cuando colocó una rodilla delante de él para estar a su altura y acariciar su mejilla con compresión el tacto le hizo recordar al de las personas que amaba y su corazón se sensibilizó.

—¿A que le temes?— susurró.

—A que todo termine…—el Soberano volvió a esa sonrisa ladina aunque sutilmente más comprensible.

—Todas las cosas terminan… cuando se deja de creer en ellas —Kat abrió los ojos sorprendido— ¿Es más fuerte el miedo, la duda y el dolor a tu amor? De ser así esta conversación es absurda…

—¡No lo es! ¡Lo que siento por ellos es fuerte!

—¿Más que la avaricia? Tanto que si te ofrezco vivir aquí te negarías…—dijo más como una afirmación que el otro confirmó con la mirada — Debe ser más fuerte que las reglas, más temperamental que un regaño, más gentil que el primer beso. Lo que sientes debe ser muy fuerte pero haz olvidado una pregunta importante ¿Es más fuerte que todos?

—Lo es…—afirmó.

—¿Entonces qué haces dudando? Mientras tu sepas lo que sientes el mundo se postrará ante tu concepto de amor dentro de tu mente…—susurró muy cerca de su oído con voz hipnótica sintiéndose desfallecer y reanimarse en un segundo. De pronto se vio entre sus cobijas y encima del suave colchón, tardó en recuperar la conciencia unos segundos y percatarse de que aquella era una habitación, que un brazo le rodeaba por la cintura con fuerza y una mano morena tomaba la propia. Su corazón latió acelerado, su vida volvía a sentirse plena al igual que sus emociones estables y enfocadas en algo.

—¿No puedes dormir?—susurró Micca abriendo un ojo.

—Es tarde…—se quejó Kian aferrándose más fuerte a Kat quien solo hizo un ruido gracioso.

—No, no es nada…solo sigan durmiendo…—volvió a recostarse, sintió como ambos se aproximaron uno a cada lado y sutil besó sus frentes, uno después de otro. Suspiró, como si un peso se fuera de encima.

Lo importante era lo que él sintiera, lo importante es que de alguna manera y para su suerte era correspondido. Sociedad, prejuicios, futuro, nada debía superarle. Lo que realmente valía la pena estaba entre sus brazos y en dos palabras simples, en plural, aunque fuera raro.

—Los amo…—atinó a decir antes de caer en un sueño nuevo para despertar al día siguiente en una increíble realidad.

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